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Viernes, 29 Abril 2016 15:32

Pichincha Solidario llegó a los lugares más apartados de Manabí

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Pichincha Solidario llegó a los lugares más apartados de Manabí Ivanova Córdova

Una mujer indígena expresaba: “Si vienes solo para ayudarme, puedes irte a casa. Pero si consideras mi lucha como parte de tu lucha para sobrevivir, entonces quizás podemos trabajar juntos”,  concordando con este precepto, Pichincha Solidario llegó el pasado fin de semana, a los rincones más apartados de Manabí, los que sufrieron los embates del terremoto del 16 de abril.  

El convoy, presidido por el prefecto de Pichincha, Gustavo Baroja, realizó su cruzada solidaria  en los sectores de Morena, Trinidad, Boca de Sapos, Las Brisas, Las Lajas,  Las Pavas, Tosagua, Calceta, Junín, La Estancilla, San Bartolo y el área urbana Flavio Alfaro.

En estos lugares fue impresionante observar el poder destructor de la naturaleza: vidrios como miles de dagas en el piso, latas y varillas como acordeones, montañas de ladrillos y bloques destrozados por doquier,  estructuras a punto de caer, la tierra agrietada como si alguien hubiera rasgado con furia un trozo de delicada masa.

 

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Mientras se realizó este periplo, fuimos testigos de muchas historias de dolor descritas por las víctimas del fatal evento sísmico, historias acompañadas por los vestigios del aterrador terremoto.

Una de esas, fue la de Elena Bravo Mendoza, habitante de la ciudadela Walton García,  quien no quería tan siquiera escuchar la palabra terremoto, su cuerpo aún se estremecía y temblaba:  “que Diosito no permita otra vez un sismo”. Al preguntarle sobre sus necesidades, pidió agua, pañales, insumos de aseo personal y sobre todo trabajo: “muchos tenemos  asilados en nuestras viviendas ancianos y familiares, pero por mucho que se haga ni trabajo tenemos” manifestó.

Y este reclamo fue recurrente en varios pobladores de la zona, Elsa Moreira Moreira expresaba que son muchas las cosas que necesitan para vivir pero les hace falta una fuente de empleo “en estos momentos todos estamos sin trabajo, hay personas que trabajan como costureras, otras que arreglan uñas, pero no pueden trabajar porque nadie tiene plata para hacerse esas cosas”.

Así mismo, se quejaban de la falta de agilidad para la entrega de la ayuda, una pobladora, que no quiso ser identificada, expresó que en su municipio se retienen las donaciones, también dio a conocer que los pobladores trataron de derribar las puertas de la iglesia para tener acceso a los alimentos. 

Otra damnificada, quien  pidió el anonimato, contó que es empleada del municipio y que desde diciembre no le pagan el sueldo, “imagínense en esta crisis viene el terremoto y ahora ni siquiera el sueldo tenemos para comprar la leche de formula de la bebe, ella tiene tres meses y sufre de problemas gástricos, un tarro de leche cuesta cuarenta dólares”.

Son historias que evidencian necesidad e impotencia de no poder hacer nada frente a la desgracia que viven, una desgracia que fue exacerbada por el terremoto, pues son doblemente víctimas: del olvido de varios gobiernos  y, ahora, del terremoto.

De alguna manera, Pichincha Solidario llegó para solucionar sus apremios por alimentos y agua por uno, dos o tres días, probablemente, pero sus necesidades irán a la delantera, siempre rebasando la capacidad de respuesta. 

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Para otros, como  Doña Mary, habitante de La Estancia, el tener acceso a un colchón que les permitirá tener una precaria comodidad para dormir, es su urgente necesidad “no me den alimentos, lo único que quiero es un colchón donde poder descansar”, manifestaba,  aunque por estos días su almohada y su acompañante de noche sea el pánico.

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“Es una bendición de Dios que se hayan acordado de todos nosotros” decía una moradora del barrio Walton García, mientras otros con vítores y aplausos recibían a los furgones y camionetas con alimentos y vituallas que llevaba Pichincha Solidario.

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Pese a su desgracia y carencias, estos hermanos tienen el corazón y los brazos abiertos para recibir a quienes viven su dolor, don Arturo de Calceta expresaba “regresen por aquí para atenderlos como se merecen”.  Esa es la hospitalidad del pueblo “manaba”.

 

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Por eso para el Gobierno de Pichincha no solo constituye una ayuda solidaria su presencia en las zonas de desastre, sino que ha hecho suya la lucha por la  sobrevivencia de estos pueblos abatidos material y psicológicamente,  por eso, extiende su mano solidaria para unirla a las manos de los hermanos de Manabí y Esmeraldas, para empezar juntos la lucha hombro a hombro, corazón a corazón y decirles y hacerles sentir que no están solos.  

PREFECTO EN ESTANCILLA

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